AQUÍ UNA BREVE BIOGRAFÍA FAMILIAR
Hechos 4:20 dice: porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído.
Este solo versículo bíblico resume de alguna manera la historia y misión del Pastor Maximiliano Contreras y su familia.
El Pastor Maximiliano Contreras, es fundador y director general del Ministerio Visión Mundo desde al año 1992, oriundo de Argentina. Nació el 7 de enero del año 1968, casado con Beatriz Oviedo, padres de cinco hijos: Pablo, Yanina, Mariana, Romina y Franco.
Conoce al Señor a los 18 años de edad, siendo libertado por el poder de Dios de una vida intensamente mundana y pecaminosa. Inmediatamente después de entregar su vida a Cristo, conoce personalmente al reconocido Evangelista argentino Carlos Anacondia y escuchando su testimonio personal, le pide al Señor que él quiere tener la misma experiencia, es decir; ser llamado al ministerio al poco tiempo de conocer al Señor. Pues el deseo que ardía en su corazón era estar preparado lo antes posible para la Obra del Ministerio. Dios escucho su oración, y se dispuso a forjarlo en el fuego de la prueba y las dificultades de todo tipo para que su fe vaya en crecimiento a fin de prepararlo para el ministerio que le tenía preparado desde antes de la fundación del mundo.
Fue así que, a los 24 años ya estando casado con Beatriz y siendo padres de dos hermosos hijos, Pablo Martín y Yanina Dámaris, fueron ordenados ambos al ministerio pastoral. Pero no sin antes haber vivido una serie de situaciones personales y familiares desesperantes que los llevaron a crecer en fe y conocimiento de aquel que los había llamado al servicio de su Reino.
Lee algo de historia en las propias palabras del Pastor:
La primera situación de un imposible para nosotros, se presentó cuando nació Yanina Dámaris nuestra hija mayor. Era un 4 de febrero caluroso, cuando nació Yanina, con 3.6 kg., una beba preciosa, rozagante, al parecer, sin ningún problema de salud aparente. Pero, a los 4 días, cuando fue dada de alta, llegamos a casa felices con nuestra hija y de tener ahora un varoncito y una nena, muy satisfechos como padres. A minutos de haber llegado a casa de pronto comenzó a levantar fiebre. La llevamos inmediatamente a urgencia pediátrica del hospital donde se dispuso que quede internada para ser observada porque no había nada claro. Lo que si fue notorio rápidamente fue que su abdomen se hinchó en forma inusual, entonces, los médicos se enfocaron en estudiar ésta área. El diagnóstico fue el que jamás ningún padre quisiera escuchar. Nuestra hija estaba enferma de megacolon o enfermedad de Hirschprung. Técnicamente según las estadísticas médicas, se presenta en un niño de cada 5000 nacidos vivos, además; esta enfermedad es predominante en varones, y además, se asocia 10 veces más de lo esperado con el síndrome de Down. Desde el punto de vista Histológico se caracteriza por la ausencia congénita de células ganglionares del plexo mientérico en un segmento del intestino que se extiende proximalmente desde el ano en una extensión variable.
Nuestra hija Yanina no tenía síndrome Down, ni era varón obviamente, en quienes se espera este tipo de enfermedades de cada 5000 niños nacidos vivos. Aun así, le tocó a mi hija, y a nosotros como padres padecer esta angustiosa enfermedad.
En resumen, lo que padecía nuestra hija le impedía, evacuar el vientre, estaba obstruida en sus intestinos, por la falta de estas células en su intestino. Estaba inflamada a causa de la leche que había tomado pues, estaba en estado de putrefacción en su estomago y la infección que se produjo comenzó a tomar todo su cuerpo y luego, en consecuencia vendría la muerte.
Según las estadísticas médicas, nos explicaban los profesionales, que: de 1000 niños, solo se salva uno. Haciendo ciertas cirugías. Cinco operaciones en un lapso de un año y medio, seccionándole el intestino, más, un ano contra-natura (una bolsita con una sonda para defecar).
Todas las estadísticas estaban en contra de la vida de mi hija, no había una sola favorable. Así fue que pasamos un mes con ella internada, alimentada por sondas. Eran estudios y más estudios, análisis de sangre a diario, ya no tenía lugar en su bracito para más inyecciones. Fueron días de aferrarnos a las palabras y promesas de Dios. De orar, dando gracias por la provisión de un milagro. Estábamos comenzando a conocer un Dios poderoso en milagros, maravillas y prodigios.
Al mes, el médico me dijo a mí (ya que en ese momento yo estaba al cuidado de mi hija), que fuésemos a hacer una última placa radiográfica para luego ya entrar a quirófano. Cuando regresó el médico a su consultorio y colocó la placa en la pantalla luminosa, asombradísimo comienza a mirarme una y otra vez, diciendo:…”esto no puede ser”….seguía moviendo la cabeza como diciendo:…”no, no, no… esto no es posible”…y luego de estar observando detalladamente la placa, se voltea y me dice: …”mira, yo no sé qué pasó aquí, pero esto es imposible, vamos a tener que hacer nuevos estudios, porque aquí tu nena se ve completamente sana sin ninguna obstrucción intestinal”…¡¡¡¡GLORIAAAAAA A DIOOOOSSSS!!!!! Dios había creado las células que le faltaban al cuerpo de mi hija, y ahora estaba sana para la gloria de Dios. Los próximos estudios médicos no hicieron más que confirmar el milagro creativo de Dios. ¡¡¡¡Dios es fiel!!!!
Luego de este doloroso, y angustiante, pero victorioso proceso, a los seis años, mi esposa queda embarazada de mi hija Romina. Mi esposa la dio a luz de noche por lo que yo no pude verla hasta el día siguiente. Cuando llegue a la hora de visita a la sala donde estaba mi esposa, la veo con una carita extraña. Inmediatamente de darme un beso, me preguntó si es que ya había visto a la nena, a lo que contesté que aun no. Le pregunte por qué, y me responde: anda a verla a Neonatología y luego conversamos. Yo insistí en que me dijera qué sucedía, y ella se negaba con lágrimas en los ojos, pidiéndome que vaya a ver primero a la bebé y luego hablaríamos al respecto. Así que, caminé preocupado por el pasillo del hospital hasta llegar a Neonatología, entré y me indicó una enfermera dónde estaba mi hija. Llegue a su incubadora, la que era transparente y vi a mi hija. Inmediatamente me di cuenta lo que sucedía. Todos los rasgos físicos de mi hija me decían claramente que había nacido con síndrome de Down.
Quede atónito y en silencio, solo mirándola. Ahí estaba con sus ojitos saltones, su lengüita gordita más de lo normal y salida hacia afuera de la boca, sus orejitas pequeñitas y bien bajas más de lo normal. Luego supe que además tenía un soplo al corazón y pie plano, lo cual completaba el cuadro del diagnóstico del síndrome. Luego de estar unos minutos que parecieron interminables en absoluto silencio, recordé los milagros que ya habíamos vivido, pues, para este tiempo ya mi esposa había sido sanada de escoliosis múltiple y mi primera hija de megacolon. Entonces, puse mi dos manos sobre la incubadora, y dije una oración en voz muy baja… “Padre, yo te agradezco por mi hija, te prometo que la amaré y la cuidaré toda su vida, yo te doy gracias por su vida, no importa que haya venido con este síndrome, la amaré y cuidaré de ella Señor. PERO, YO SE SEÑOR, QUE TÚ ERES UN DIOS DE PODER, POR LO QUE TE PIDO QUE SI TÚ QUIERES, HAGAS UN MILAGRO EN MI HIJA Y HAGAS DESAPARECER ESTA ENFERMEDAD EN ELLA, EN EL NOMBRE DE JESÚS. AMÉN”.
Nada extraño, sucedió en ese momento, no sentí tampoco nada en mí, solo oré y regrese con mi esposa. En conclusión, fueron pasando los días de esa primera semana de vida de mi hija Romina, y cada día amanecía con los rasgos de su rostro distintos, y al cabo de una semana mi hija ya no tenía el soplo en el corazón, su pie plano ahora tenía una hermosa curvatura, su lengua ya no la tenía fuera, sus orejitas se agrandaron y subieron a su lugar normal en la cabeza, y sus ojitos ya no tenían inflamación propia del síndrome. Mi hija estaba completamente sana y libre del síndrome de Down, en solo una semana ¡¡¡¡¡Diooos lo hizo posiiiibleee!!!!! Es maravilloso nuestro Dios. ¡¡¡Lo que es imposible para los hombres, posible es para Dios!!!! Hoy mi hija Romi, tiene 16 años, está en cuarto año del secundario, y es una alumna que promedia sus notas en 9. Las maravillas de Dios siguen vigentes en este tiempo.
Pero todavía no terminaban los golpes duros, pues al poco tiempo, nuestro hijo mayor, comienza a sentir fuertes dolores en su parte baja del abdomen. Inmediatamente lo llevamos al médico pensando que podía ser apendicitis, lo cual el médico luego de revisarlo confirmo que efectivamente debía entrar inmediatamente a quirófano, pues estaba a punto de explotar el apéndice, tenía la misma con una gran inflamación. Todo fue rápido, un momento más tarde de la consulta, estaba entrando al quirófano y en unos minutos estaba fuera. “Todo había salido bien” nos dijo el doctor cirujano. En unos pocos días en teoría ya estaría en casa con nosotros nuevamente. Pero el médico sin darse cuenta pasó a cortar un intestino con el bisturí, y se derramo materia fecal en el interior de la zona del pubis, y cerraron la operación sin dejar ningún tipo de drenaje. Esto le produjo una infección generalizada en su cuerpo, y a los pocos días mi hijo se estaba muriendo a causa de una septicemia, provocada por una mala praxis médica.
Todo el mundo nos decía que le hiciéramos juicio al médico por mala praxis, pero eso era lo que menos nos importaba, pues solo queríamos tener a nuestro hijo otra vez en casa con nosotros, solo eso. Una tarde, ya había pasado casi un mes de internación, en los cuales se habían sumado dos operaciones más, el médico nos habló muy compungido, nos pidió con lágrimas en sus ojos perdón por su error humano, y luego nos pidió que fuésemos preparando todo para el funeral de nuestro hijito de unos 10 añitos por entonces, ¿la razón?, porque no pasaría de aquella noche. Algunos días antes, el médico nos había advertido que nos fuéramos haciendo la idea de que esto podría suceder. Nos fuimos a casa con mi esposa con todo el dolor que una situación como ésta representa, pero con la firme esperanza de que la última palabra la tuviera el Señor. Esa noche oramos, y le pedimos dirección al Señor, respecto a qué hacer. El Señor nos dijo, marquen con un resaltador en un nuevo testamento algunos versículos bíblicos tales como: Rom. 10:9 – Lucas 1:37 - Rom. 8:28, y otros tantos, y vayan al médico y díganle que le regalan ese Nuevo Testamento, y que lo perdonan por su error humano. Así lo hicimos, cuando el médico nos vio llegar ya de madrugada se asustó pensando que íbamos a verlo para tomar alguna represalia contra él por haber muerto nuestro hijo, pues, él estaba en otra clínica y no sabía que aun mi hijo vivía. Hicimos lo que nos ordenó el Señor, y él medico sorprendido nos agradecía que no haríamos nada contra él. Le dijimos que la vida de nuestro hijo no dependía de su pericia o impericia, sino de Dios. Lo sorprendente, fue que al día siguiente mi hijo estaba vivo y no solo eso, sus defensas se habían multiplicado en su sangre, y así, cada día más y más defensas se multiplicaban en su sangre y al cabo de unos días, para la gloria de nuestro precioso Dios, mi hijo ya estaba en casa con nosotros. ¡¡¡¡El perdón, y la declaración de fe pública de la palabra del Señor, trajeron poder de Dios sobre nuestro hijo, y fue completamente sanado!!! …¡¡¡Gracias Padre bueno!!!
Bien, y por último a los efectos de no hacer tan largo este relato (Dios mediante todos los testimonios quedarán pronto escritos en un libro), les voy a testificar de mi hijo Franco (12 años-2011), el mismo, nació con hipertensión pulmonar (La hipertensión pulmonar, denominada inicialmente persistencia de la circulación fetal, ocurre en el 1.9 por cada 1000 recién nacidos vivos). Los médicos nos decían que si no regulaba su respiración al cabo de una semana como máximo, debido a lo complicado de su caso, lamentablemente moriría.
El último día de esa semana, mejor dicho la última noche que se supone mi hijo moriría si no regulaba la respiración al día siguiente, nos reunimos en casa con dos hermanos en Cristo a quienes invitamos a hacer una oración por nuestro hijo. Esta oración la hicimos a las 22:00 hs. Recuerdo claramente que mire el reloj de pared a esa misma hora. Al día siguiente, por la mañana, fuimos al hospital y cuando nos vio la doctora que atendía a nuestro bebé, comenzó a correr hacia nosotros y mirando a mi esposa le gritaba…¡¡¡¡gordita, gordita, tu hijo, tu hijo, reguloooooo la respiración!!!!! Cuando llegamos a ella, le pregunté ansioso y feliz, ¿Doctora cuándo reguló la respiración? Y ella contesto: “Anoche a las 22:00hs exactamente”
Cómo no dar gloria a Dios por éstas obras maravillosas del Señor. Cómo podríamos callar lo que Dios ha hecho con y en nuestras vidas. Dios es maravilloso. Hoy mi querido lector, hoy mismo, si necesitas un milagro, no dudes en recibirlo.
Ya mismo te invito a hacer esta oración:
Padre celestial, te pido perdón por mis pecados en el nombre de Jesús, te pido que me limpies de todo mal en mi cuerpo, en mi alma y en mi espíritu. Sáname Señor, mi cuerpo, mi alma y mi espíritu en el poderoso nombre de tu hijo amado Jesucristo. En su nombre me declaro, libre, sano y perdonado para la gloria de Dios. Amén.
Dale gracias ahora mismo al Señor y comienza a hacer lo que antes no te dejaba hacer la enfermedad en el nombre de Jesús.¡¡¡Vamos muévete, levántate, gózate en el milagro que ya mismo has recibido!!!
Fue así que, a los 24 años ya estando casado con Beatriz y siendo padres de dos hermosos hijos, Pablo Martín y Yanina Dámaris, fueron ordenados ambos al ministerio pastoral. Pero no sin antes haber vivido una serie de situaciones personales y familiares desesperantes que los llevaron a crecer en fe y conocimiento de aquel que los había llamado al servicio de su Reino.
Lee algo de historia en las propias palabras del Pastor:
La primera situación de un imposible para nosotros, se presentó cuando nació Yanina Dámaris nuestra hija mayor. Era un 4 de febrero caluroso, cuando nació Yanina, con 3.6 kg., una beba preciosa, rozagante, al parecer, sin ningún problema de salud aparente. Pero, a los 4 días, cuando fue dada de alta, llegamos a casa felices con nuestra hija y de tener ahora un varoncito y una nena, muy satisfechos como padres. A minutos de haber llegado a casa de pronto comenzó a levantar fiebre. La llevamos inmediatamente a urgencia pediátrica del hospital donde se dispuso que quede internada para ser observada porque no había nada claro. Lo que si fue notorio rápidamente fue que su abdomen se hinchó en forma inusual, entonces, los médicos se enfocaron en estudiar ésta área. El diagnóstico fue el que jamás ningún padre quisiera escuchar. Nuestra hija estaba enferma de megacolon o enfermedad de Hirschprung. Técnicamente según las estadísticas médicas, se presenta en un niño de cada 5000 nacidos vivos, además; esta enfermedad es predominante en varones, y además, se asocia 10 veces más de lo esperado con el síndrome de Down. Desde el punto de vista Histológico se caracteriza por la ausencia congénita de células ganglionares del plexo mientérico en un segmento del intestino que se extiende proximalmente desde el ano en una extensión variable.
Nuestra hija Yanina no tenía síndrome Down, ni era varón obviamente, en quienes se espera este tipo de enfermedades de cada 5000 niños nacidos vivos. Aun así, le tocó a mi hija, y a nosotros como padres padecer esta angustiosa enfermedad.
En resumen, lo que padecía nuestra hija le impedía, evacuar el vientre, estaba obstruida en sus intestinos, por la falta de estas células en su intestino. Estaba inflamada a causa de la leche que había tomado pues, estaba en estado de putrefacción en su estomago y la infección que se produjo comenzó a tomar todo su cuerpo y luego, en consecuencia vendría la muerte.
Según las estadísticas médicas, nos explicaban los profesionales, que: de 1000 niños, solo se salva uno. Haciendo ciertas cirugías. Cinco operaciones en un lapso de un año y medio, seccionándole el intestino, más, un ano contra-natura (una bolsita con una sonda para defecar).
Todas las estadísticas estaban en contra de la vida de mi hija, no había una sola favorable. Así fue que pasamos un mes con ella internada, alimentada por sondas. Eran estudios y más estudios, análisis de sangre a diario, ya no tenía lugar en su bracito para más inyecciones. Fueron días de aferrarnos a las palabras y promesas de Dios. De orar, dando gracias por la provisión de un milagro. Estábamos comenzando a conocer un Dios poderoso en milagros, maravillas y prodigios.
Al mes, el médico me dijo a mí (ya que en ese momento yo estaba al cuidado de mi hija), que fuésemos a hacer una última placa radiográfica para luego ya entrar a quirófano. Cuando regresó el médico a su consultorio y colocó la placa en la pantalla luminosa, asombradísimo comienza a mirarme una y otra vez, diciendo:…”esto no puede ser”….seguía moviendo la cabeza como diciendo:…”no, no, no… esto no es posible”…y luego de estar observando detalladamente la placa, se voltea y me dice: …”mira, yo no sé qué pasó aquí, pero esto es imposible, vamos a tener que hacer nuevos estudios, porque aquí tu nena se ve completamente sana sin ninguna obstrucción intestinal”…¡¡¡¡GLORIAAAAAA A DIOOOOSSSS!!!!! Dios había creado las células que le faltaban al cuerpo de mi hija, y ahora estaba sana para la gloria de Dios. Los próximos estudios médicos no hicieron más que confirmar el milagro creativo de Dios. ¡¡¡¡Dios es fiel!!!!
Luego de este doloroso, y angustiante, pero victorioso proceso, a los seis años, mi esposa queda embarazada de mi hija Romina. Mi esposa la dio a luz de noche por lo que yo no pude verla hasta el día siguiente. Cuando llegue a la hora de visita a la sala donde estaba mi esposa, la veo con una carita extraña. Inmediatamente de darme un beso, me preguntó si es que ya había visto a la nena, a lo que contesté que aun no. Le pregunte por qué, y me responde: anda a verla a Neonatología y luego conversamos. Yo insistí en que me dijera qué sucedía, y ella se negaba con lágrimas en los ojos, pidiéndome que vaya a ver primero a la bebé y luego hablaríamos al respecto. Así que, caminé preocupado por el pasillo del hospital hasta llegar a Neonatología, entré y me indicó una enfermera dónde estaba mi hija. Llegue a su incubadora, la que era transparente y vi a mi hija. Inmediatamente me di cuenta lo que sucedía. Todos los rasgos físicos de mi hija me decían claramente que había nacido con síndrome de Down.
Quede atónito y en silencio, solo mirándola. Ahí estaba con sus ojitos saltones, su lengüita gordita más de lo normal y salida hacia afuera de la boca, sus orejitas pequeñitas y bien bajas más de lo normal. Luego supe que además tenía un soplo al corazón y pie plano, lo cual completaba el cuadro del diagnóstico del síndrome. Luego de estar unos minutos que parecieron interminables en absoluto silencio, recordé los milagros que ya habíamos vivido, pues, para este tiempo ya mi esposa había sido sanada de escoliosis múltiple y mi primera hija de megacolon. Entonces, puse mi dos manos sobre la incubadora, y dije una oración en voz muy baja… “Padre, yo te agradezco por mi hija, te prometo que la amaré y la cuidaré toda su vida, yo te doy gracias por su vida, no importa que haya venido con este síndrome, la amaré y cuidaré de ella Señor. PERO, YO SE SEÑOR, QUE TÚ ERES UN DIOS DE PODER, POR LO QUE TE PIDO QUE SI TÚ QUIERES, HAGAS UN MILAGRO EN MI HIJA Y HAGAS DESAPARECER ESTA ENFERMEDAD EN ELLA, EN EL NOMBRE DE JESÚS. AMÉN”.
Nada extraño, sucedió en ese momento, no sentí tampoco nada en mí, solo oré y regrese con mi esposa. En conclusión, fueron pasando los días de esa primera semana de vida de mi hija Romina, y cada día amanecía con los rasgos de su rostro distintos, y al cabo de una semana mi hija ya no tenía el soplo en el corazón, su pie plano ahora tenía una hermosa curvatura, su lengua ya no la tenía fuera, sus orejitas se agrandaron y subieron a su lugar normal en la cabeza, y sus ojitos ya no tenían inflamación propia del síndrome. Mi hija estaba completamente sana y libre del síndrome de Down, en solo una semana ¡¡¡¡¡Diooos lo hizo posiiiibleee!!!!! Es maravilloso nuestro Dios. ¡¡¡Lo que es imposible para los hombres, posible es para Dios!!!! Hoy mi hija Romi, tiene 16 años, está en cuarto año del secundario, y es una alumna que promedia sus notas en 9. Las maravillas de Dios siguen vigentes en este tiempo.
Pero todavía no terminaban los golpes duros, pues al poco tiempo, nuestro hijo mayor, comienza a sentir fuertes dolores en su parte baja del abdomen. Inmediatamente lo llevamos al médico pensando que podía ser apendicitis, lo cual el médico luego de revisarlo confirmo que efectivamente debía entrar inmediatamente a quirófano, pues estaba a punto de explotar el apéndice, tenía la misma con una gran inflamación. Todo fue rápido, un momento más tarde de la consulta, estaba entrando al quirófano y en unos minutos estaba fuera. “Todo había salido bien” nos dijo el doctor cirujano. En unos pocos días en teoría ya estaría en casa con nosotros nuevamente. Pero el médico sin darse cuenta pasó a cortar un intestino con el bisturí, y se derramo materia fecal en el interior de la zona del pubis, y cerraron la operación sin dejar ningún tipo de drenaje. Esto le produjo una infección generalizada en su cuerpo, y a los pocos días mi hijo se estaba muriendo a causa de una septicemia, provocada por una mala praxis médica.
Todo el mundo nos decía que le hiciéramos juicio al médico por mala praxis, pero eso era lo que menos nos importaba, pues solo queríamos tener a nuestro hijo otra vez en casa con nosotros, solo eso. Una tarde, ya había pasado casi un mes de internación, en los cuales se habían sumado dos operaciones más, el médico nos habló muy compungido, nos pidió con lágrimas en sus ojos perdón por su error humano, y luego nos pidió que fuésemos preparando todo para el funeral de nuestro hijito de unos 10 añitos por entonces, ¿la razón?, porque no pasaría de aquella noche. Algunos días antes, el médico nos había advertido que nos fuéramos haciendo la idea de que esto podría suceder. Nos fuimos a casa con mi esposa con todo el dolor que una situación como ésta representa, pero con la firme esperanza de que la última palabra la tuviera el Señor. Esa noche oramos, y le pedimos dirección al Señor, respecto a qué hacer. El Señor nos dijo, marquen con un resaltador en un nuevo testamento algunos versículos bíblicos tales como: Rom. 10:9 – Lucas 1:37 - Rom. 8:28, y otros tantos, y vayan al médico y díganle que le regalan ese Nuevo Testamento, y que lo perdonan por su error humano. Así lo hicimos, cuando el médico nos vio llegar ya de madrugada se asustó pensando que íbamos a verlo para tomar alguna represalia contra él por haber muerto nuestro hijo, pues, él estaba en otra clínica y no sabía que aun mi hijo vivía. Hicimos lo que nos ordenó el Señor, y él medico sorprendido nos agradecía que no haríamos nada contra él. Le dijimos que la vida de nuestro hijo no dependía de su pericia o impericia, sino de Dios. Lo sorprendente, fue que al día siguiente mi hijo estaba vivo y no solo eso, sus defensas se habían multiplicado en su sangre, y así, cada día más y más defensas se multiplicaban en su sangre y al cabo de unos días, para la gloria de nuestro precioso Dios, mi hijo ya estaba en casa con nosotros. ¡¡¡¡El perdón, y la declaración de fe pública de la palabra del Señor, trajeron poder de Dios sobre nuestro hijo, y fue completamente sanado!!! …¡¡¡Gracias Padre bueno!!!
Bien, y por último a los efectos de no hacer tan largo este relato (Dios mediante todos los testimonios quedarán pronto escritos en un libro), les voy a testificar de mi hijo Franco (12 años-2011), el mismo, nació con hipertensión pulmonar (La hipertensión pulmonar, denominada inicialmente persistencia de la circulación fetal, ocurre en el 1.9 por cada 1000 recién nacidos vivos). Los médicos nos decían que si no regulaba su respiración al cabo de una semana como máximo, debido a lo complicado de su caso, lamentablemente moriría.
El último día de esa semana, mejor dicho la última noche que se supone mi hijo moriría si no regulaba la respiración al día siguiente, nos reunimos en casa con dos hermanos en Cristo a quienes invitamos a hacer una oración por nuestro hijo. Esta oración la hicimos a las 22:00 hs. Recuerdo claramente que mire el reloj de pared a esa misma hora. Al día siguiente, por la mañana, fuimos al hospital y cuando nos vio la doctora que atendía a nuestro bebé, comenzó a correr hacia nosotros y mirando a mi esposa le gritaba…¡¡¡¡gordita, gordita, tu hijo, tu hijo, reguloooooo la respiración!!!!! Cuando llegamos a ella, le pregunté ansioso y feliz, ¿Doctora cuándo reguló la respiración? Y ella contesto: “Anoche a las 22:00hs exactamente”
Cómo no dar gloria a Dios por éstas obras maravillosas del Señor. Cómo podríamos callar lo que Dios ha hecho con y en nuestras vidas. Dios es maravilloso. Hoy mi querido lector, hoy mismo, si necesitas un milagro, no dudes en recibirlo.
Ya mismo te invito a hacer esta oración:
Padre celestial, te pido perdón por mis pecados en el nombre de Jesús, te pido que me limpies de todo mal en mi cuerpo, en mi alma y en mi espíritu. Sáname Señor, mi cuerpo, mi alma y mi espíritu en el poderoso nombre de tu hijo amado Jesucristo. En su nombre me declaro, libre, sano y perdonado para la gloria de Dios. Amén.
Dale gracias ahora mismo al Señor y comienza a hacer lo que antes no te dejaba hacer la enfermedad en el nombre de Jesús.¡¡¡Vamos muévete, levántate, gózate en el milagro que ya mismo has recibido!!!
Les presento a mis hijos, de Izquierda a derecha: Romina, Franco (arriba), Pablo, Yanina (arriba) y Mariana. Cinco hermosos milagros de Dios, con grandes destinos proféticos en sus vidas. Dios los ha conservado con vida por su gran propósito con cada uno de ellos.